viernes, 5 de febrero de 2010

PRESENTACIÓN DE LA OBRA EN CÁDIZ

El jueves 4 de febrero, se presentó en el Palacio Provincial de Diputación la obra del escritor Mario Ocaña, la que nos ha motivado a crear este espacio de opinión y cosas contadas.El acto contaba, en principio, con la participación de Juan José Tellez, que lo iba a presentar. Un colapso en su agenda provocó su ausencia y fué el periodista Juan León Moriche el que leyó lo que el Tellez había escrito para el caso:

Nuevas aventuras de los corsarios del Estrecho.-

La peripecia del historiador Mario Luis Ocaña Torres parece entresacada de las páginas de “La carta esférica”, de Arturo Pérez Reverte, o de cualquiera de esos relatos sobre tesoros sumergidos que jalonan la narrativa de aventuras de los dos últimos siglos. Sin embargo, mientras abundan quienes escudriñan los fondos del Archivo de Indias de Sevilla, en pos de galeones hundidos en la barra de Sanlúcar, en el Golfo de Cádiz o en el Estrecho, hay quienes reciben un tesoro sin buscarlo.

Ese es el caso de Ocaña, profesor de Historia y Arte en la UNED y en el Instituto Saladillo de Algeciras, que ofició durante dos décadas como director del Instituto de Estudios Campogibraltareños –institución de la que es consejero de número-- y que, a finales de los años 80, se vio sorprendido con el hallazgo de una serie de legajos cuando catalogaba el Archivo Notarial de Protocolos de Algeciras. Descubrió entonces que, durante el siglo XVIII, dicha ciudad había sido una de las principales bases del corso marítimo en la Península Ibérica, una actividad popularmente atribuida en exclusiva al Imperio Británico pero que también tuvo predicamento en España, en Francia y en Holanda, frente a los navíos sucesivamente enemigos o frente a los piratas bereberes que también surcaban esta agua.

Y es que dicho archivo daba cuenta de los fletes corsarios, de sus tripulaciones, del reparto consiguiente del botín e incluso de las batallas que hubieron de librar en su travesía. De ahí surgió un primer trabajo ensayístico que la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar publicó en 1993 bajo el título de “El corso marítimo español en el Estrecho de Gibraltar (1700- 1802)”. Pero también le inspiró una novela, “Los señores del viento”, recientemente reeditada por RD y que nada tiene que envidiarle al pulso narrativo y a la atmósfera que envuelve a viejas y nuevas narraciones de Emilio Salgari, Robert Louis Stevenson, Patrick O´Brian, Diana Souhami, Josep Conrad, Jack London o Alexander Kent.

Pero si su primera investigación moría a las puertas de la guerra de la independencia, aquella obra inicial alentaba una segunda aproximación a ese mismo tema y a esos mismos fondos documentales y en concreto tres series de los documentos que redactaban los notarios de marina: las contratas de corso, los contratos de compra-venta de embarcaciones y las denominadas protestas de mar. Así surge el libro “El Estrecho de Gibraltar durante las Guerras Napoleónicas (1796-1814)”, que hoy presenta por poderes Eduardo Albadalejo, ya que he tenido que ir a asaltar un jabeque perdido en las inundaciones de Jerez de la Frontera. Que el respetable me disculpe, pero los bucaneros somos así.

“Nosotros somos corsarios, hombres de mar. Somos los señores del viento y de las olas. Lobos solitarios de los mares, pero libres como la tempestad y la tormenta. Socios del Gremio de los Hermanos de la Costa. Piratas: los únicos hombres libres del mundo. Sin dioses, ni amos; sin cadenas y sin más compromisos que aquellos que forman parte de nuestro código del honor. No hay más libertad que la que proporciona la mar, el viento en las velas y el sable de abordaje. Antes muertos que serviles. Esa es nuestra bandera, nuestra filosofía. Por ella merece la pena vivir y, si es necesario, dejarse la vida.”
Así, en las páginas de su trepidante novela “Los Señores del Viento” (R.D. Editores, 2008) describe Mario Luis Ocaña Torres a la gente que trajinaba en el corso del Estrecho a caballo entre los siglos XVIII y XIX, a través de un personaje, Miguel Gilabert, que guarda más relación con la realidad que con la ficción.

Ahora, en “El Estrecho de Gibraltar durante las guerras napoleónicas (1796-1814)”, Ocaña vuelve a dejar a un lado la ficción para centrarse en el rigor histórico, aunque este vuelva a constituir una fabulosa factoría de ficciones, quizá porque siempre estuvo vigente el proverbio que reza que la naturaleza imita al arte. En su índice, después de ofrecer un espléndido resumen de la piratería en el Estrecho, desde épocas bien remotas hasta la modernidad, el autor insiste en precisar el léxico habitualmente confuso, precisando el alcance de voces como “filibustero” y “bucanero” o diferenciando los términos “pirata” y “corsario”, que suelen asociarse por lo común, aunque, como explica, “ésta no es una frontera rígida y firme, sino brumosa y sutil y, la mayor parte de las veces, confusa”.

“El uso de uno u otro de los calificativos – corsario o pirata – depende la mayor parte de las veces
de la posición en la que situa aquel que estudia, investiga, describe, narra o vive la historia. Para un castellano del siglo XVII las acciones armadas de los ingleses como Hawkins, sir Francis Drake o sir Walter Raleigh no constituyen más que hechos de piratería. Sin duda, para los británicos, no son más que valientes corsarios, intrépidos y esforzados navegantes que con sus acciones contribuyeron al engrandecimiento del poder político, militar y económico de su país”, argumenta Ocaña.

Esta nueva obra, un ensayo en el que aborda uno de los momentos históricos más críticos del imperio español y que ha sido editada por las guías de ocio “Apunta”, de Algeciras, y “El Boletín”, de El Puerto, congenia de nuevo la amenidad del relato con el rigor historicista. De hecho, en sus páginas se publican por primera vez tablas de datos referidas al comercio internacional de las principales potencias marítimas y comerciales del momento en los puertos de Algeciras, Ceuta y Tarifa. También, por ejemplo, una relación de armadores, capitanes y buques corsarios españoles en el Estrecho, o los capitanes y buques detenidos en dicha zona marítima. De hecho, la actividad corsaria explica en gran medida la resurrección de estas ciudades durante el siglo XVIII.

Al servicio de sus respectivas coronas, los corsarios saqueaban a beneficio propio pero en nombre de imperios en expansión o en decadencia, los buques que transitaban por un mar en perpetuo conflicto como fue este. Tampoco Algeciras fue la única base de esta zona para dicha actividad, ya que Gibraltar también suponía una guarida para el corso de la Unión Jack y ya Tánger había sido convertida ocasionalmente en república pirata por unos y por otros navegantes. Un teatro de operaciones tan sólo comparable al que también tejió el corso en derredor de Ibiza, en aguas del mediterráneo.

Pero más allá de las cifras y de las banderas, la obra tiene nombres propios. Se trata del relato personal de los marinos que nos hablan de abordajes pero también de técnicas de navegación, de cómo salvaban los terribles temporales de levante en una de las encrucijadas más temidas por los veleros de medio mundo, el antiguo non plus ultra, más allá del cual acechaban los monstruos del imaginario antiguo.

A una prosa rica y de fácil lectura a pesar de la enjundia del contenido, se suman ilustraciones y mapas, así como de nuevo vuelve a establecer un distingo entre la actividad libre del pirata, similar a la de quienes se ocupan del bandidaje en tierra firme, y la del corsario, que opera bajo una bandera concreta y que se lanza a los mares cuando se produce el estallido de una guerra y le conceden permiso real para obtener la patente de corso que ayude a capturar o hundir a los bajeles del enemigo. Constituirían, en gran medida, las huestes voluntarias de una armada mercenaria. Pero, ¿quién no es un mercenario, ayer u hoy, aunque sea bajo la sagrada coartada de los intereses de Estado o de las antiguas o actuales banderas imperiales?

Los corsarios españoles del Estrecho guardaban lazos de parentesco con los principales linajes de la zona, aunque sus tripulantes no bordaran escudo de armas alguno sobre su atuendo. Los hubo valerosos y crueles, pero no perseguían simplemente aventuras como quizá soñara el ideal romántico, sino riqueza o simplemente supervivencia.

La etapa histórica que Mario Ocaña fue especialmente convulsa y lleva desde la alianza hispanofrancesa contra la Pérfida Albión que se constituye ese año y que conducirá al desastre de Trafalgar o a la guerra de la independencia contra el invasor napoleónico y sus consecuencias inmediatas. Se trata, por lo tanto, de un periodo de conflictos permanentes pero cuyo frente marítimo era en gran parte desconocido hasta la fecha, no sólo por parte del gran público sino también por los iniciados en el conocimiento de la historia. De cualquier forma y como el propio Ocaña manifiesta, “el periodo comprendido entre el año 1809 y 1814 pone de manifiesto que, salvo algún caso puntual, el centro de acción de las actividades militares de los conflictos que se desarrollaban en la península Ibérica y en el resto de Europa se hallaba muy alejados de las costas del Estrecho”.

“Mínima --asegura-- es la actividad que recogen en sus actas los notarios y muy pequeña también es la actividad que se registra en el puerto de Algeciras a lo largo del año 1809. En el caso de Tarifa o Ceuta ni siquiera aparecen referencias de ningún tipo. La guerra, cuyas operaciones militares – bien conocidas - no constituye el objeto de éste trabajo, se desarrollaba por tierra en el interior de la Península. Esta es la razón que podría explicar el hecho de tan significativa disminución en las actividades corsarias y portuarias”.
Y es que, durante la Guerra de la Independencia siguió esta tendencia, aunque España empleó fundamentalmente el puerto de Málaga, hasta que fue ocupado por las tropas francesas. Así lo refiere Rafael Vidal: "La Batalla de Algeciras y el Fuerte de Santiago”, lo que contrasta con los años anteriores, como por ejemplo, con la visión de Algeciras, en el umbral del siglo XIX, que brinda el viajero inglés Robert Semple, quien describe así a los corsarios locales: “Lo que le ha dado principalmente notoriedad ha sido el abrigo que presta a las numerosas cañoneras y pequeños buques en corso que infestan la entrada del Mediterráneo (entorpeciendo el comercio inglés), con capacidad de 25 o 30 toneladas de carga, dotadas de dos mástiles y dos velas latinas. Van llenas de hombres, y con buen tiempo pueden alcanzar a golpe de remos casi las cuatro millas por hora. Están provistas de un solo cañón en la proa, a veces dos, bien los dos delante, bien el segundo en la popa. Con marejada no hacen mucho daño - el movimiento les impide una puntería certera -, pero pueden hacerlo mucho en la calma o con ligera brisa. Impulsados por los remos, pueden maniobrar incluso alrededor de un barco de guerra, colocarse donde les conviene sin que se lo pueda evitar el enemigo, aún fuera de su alcance, debido a la calidad de sus cañones, y disparar a ras del agua con tanta calma y desahogo como si lo hicieran al blanco".
Nada que ver, en cualquier caso, con los piratas somalíes, ni siquiera con los piratas financieros que nos han llevado al actual callejón sin salida de la economía mundial. Quizá por ello estos nuevos corsarios de la historia, de la literatura y de la edición en Andalucía, están más que dispuestos a repartir su botín. De hecho, los beneficios de la venta del libro, del que se han editado mil ejemplares, se destinarán a reformar un centro de atención a menores disminuidos físicos y psíquicos en los campos de refugiados saharauis en torno a Tinduf, en Argelia. Se trata, sin duda, de intentar reparar en parte, el saqueo que dicho pueblo ha sufrido a manos de los piratas de la diplomacia y del nuevo orden mundial. Pero esa es otra historia.

Juan José Téllez

También estuvo en la mesa de presentación Paola Moreno Pérez, Vicepresidenta de la Fundación Dos Orillas, anfitriona del acto. No hubo croqueteo porque la cosa no está ni para pequeños lujos y todos los cattering de la ciudad estaban ocupados en el palacio de Congresos.



QUEREMOS RECORDAR QUE:

Los beneficios económicos que se obtengan de la venta del libro se destinarán íntegramente al Centro de Atención para Disminuidos Psíquicos del Campamento de Refugiados Saharauis de Smara, Argelia, en donde se atiende diariamente a unos 80 alumnos de entre 8 y 28 años.

La Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Algeciras ha puesto en marcha un proyecto de colaboración con este Centro y el autor. Los editores, las guías del ocio “Apunta” de Algeciras y “El Boletín” de El Puerto de Santa María, y los Ayuntamientos de Algeciras, Tarifa y Ceuta, que colaboran en la salida a la luz de esta edición, quieren contribuir de esta manera en esta iniciativa de solidaridad.

El libro se puede adquirir, al precio de 15 euros, en Cádiz, en QUORUM LIBROS en la calle Ancha nº 27, y en MANUEL DE FALLA en la Plaza Mina; y en El Puerto de Santa María, en Librería FORUM y Papelería FERLA.

Si quieres ponerte en contacto con el autor o los editores, puedes mandar un correo a.
corsariosdelestrecho@gmail.com

la fotos de la presentación la hemos fusilado directamente de la web de Amal Esperanza:

http://www.amalesperanza.org/?p=360#more-360

que creemos no tienen cuenta con la SGAE.